Dieta para la desnutrición

Dieta para la desnutrición

La desnutrición supone un problema de salud pública global con mayor prevalencia en la población infantil, personas de la tercera edad y pacientes hospitalizados.

El dietista-nutricionista juega un papel fundamental en la prevención pero también cuando la desnutrición ya es visible. Una de las principales estrategias para revertirla es mejora la alimentación y enfocarla en el consumo correcto de proteínas y calorías.

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      ¿Qué es la desnutrición?

      Cuando hablamos de desnutrición nos referimos a un estado patológico causado por una ingesta insuficiente o una inadecuada utilización de energía y nutrientes, de manera que provoca alteraciones en la composición corporal, en la fisiología del organismo y en la función mental.

      Según la OMS, la desnutrición forma parte del espectro de malnutrición. La malnutrición es un concepto más amplio que engloba todos los estados nutricionales, ya sea por exceso o por defecto, los cuales producen alteraciones fisiológicas, metabólicas y psicológicas. Mientras, en este contexto, la desnutrición es una forma específica de malnutrición que, como hemos comentado anteriormente, se caracteriza por el déficit de energía y nutrientes esenciales para el correcto funcionamiento del organismo.

      Tipos de desnutrición

      Como te he comentado en el punto anterior, la desnutrición puede entenderse, en sentido amplio, como un déficit de energía, proteínas y/o micronutrientes. Sin embargo, en el ámbito hospitalario, el término suele utilizarse principalmente para referirse al déficit energético-proteico, diferenciándolo de las carencias específicas de vitaminas y minerales.

      En este post, nos centraremos en la desnutrición asociada al déficit de energía y proteínas, por ser la forma más frecuente en la práctica clínica. No obstante, también tendremos en cuenta las posibles deficiencias de micronutrientes, ya que cualquier carencia nutricional puede afectar al correcto funcionamiento del cuerpo.

      Aquí te cuento con detalle los tipos de desnutrición.

      Desnutrición proteico-energética

      Es la forma más frecuente en el ámbito hospitalario, como te he comentado. Se produce por una ingesta de energía y proteínas insuficiente para cubrir las necesidades del organismo.

      Dentro de este tipo, encontramos dos categorías clásicas:

      • Marasmo: Se produce por un déficit energético mantenido en el tiempo. Ante este déficit, el organismo activa mecanismos de adaptación, como utilizar la grasa como principal fuente de energía. También utiliza la proteína, es decir, se produce un catabolismo muscular (degradación de las proteínas musculares). El gasto energético basal baja y disminuye las funciones no esenciales del organismo. El objetivo nutricional es aumentar la ingesta de manera progresiva asegurando un aporte proteico adecuado. Es importante vigilar el síndrome de realimentación, es decir, que la introducción de nutrientes no provoque alteraciones metabólicas y electrolíticas, para no tener consecuencias severas. Este tipo de desnutrición es muy frecuente en TCA.
      • Kwashiorkor: Se trata de un déficit de proteínas importante, aunque puede coexistir con la falta de calorías. El objetivo nutricional es garantizar la energía suficiente en la dieta para que no se utilice la proteína como fuente de energía y se produzca el catabolismo muscular. Aquí es clave vigilar el aporte de proteínas en la planificación, al igual que la función hepática y el equilibrio de electrolitos.

      Desnutrición por carencia de micronutrientes

      En este tipo, el problema no es la cantidad de energía, sino la falta de vitaminas o minerales esenciales, ya sea por una ingesta desequilibrada o una malabsorción de los mismos.

      Los síntomas y consecuencias del déficit dependerá de qué mineral o vitamina en cuestión falte. Aquí te cuento de forma resumida los más frecuentes.

      Déficit de vitaminas más frecuentes

      • Déficit de vitamina D: puede provocar problemas óseos e inmunológicos.
      • Déficit de vitamina B12: puede dar lugar a una anemia megaloblástica.
      • Déficit de vitamina A: da lugar a problemas oculares y alteraciones inmunológicas, aunque es muy poco común en países desarrollados.
      • Déficit de vitamina C: provoca problemas de cicatrización y gingivales, pero es poco común en países desarrollados.

      Déficit de minerales más frecuentes

      • Déficit de hierro: da lugar a anemia ferropénica.
      • Déficit de calcio: provoca problemas óseos.
      • Déficit de zinc: puede dar lugar a alteraciones inmunológicas.
      • Déficit de magnesio: provoca alteraciones neuromusculares.

      Causas de la desnutrición

      Cuando hablamos de desnutrición, lo primero en lo que pensamos es que “se come poco”, pero no siempre es ese el motivo. Por ello, en el momento que se detecta una desnutrición, es fundamental entender por qué se está produciendo esta condición, ya que solo así se puede abordar de forma correcta y diseñar una estrategia nutricional adaptada a cada situación.

      Existen diferentes causas por las que una desnutrición aparece.

      Ingesta insuficiente

      Como te he comentado en el punto anterior, la ingesta insuficiente de proteínas o calorías puede ser una de las causas principales de este problema de salud. Este déficit de ingesta puede deberse a diversos motivos:

      • Falta de apetito y/o saciedad precoz.
      • Trastornos de la conducta alimentaria (anorexia nerviosa, bulimia, …).
      • Problemas psicológicos, como la depresión.
      • Dietas muy restrictivas.
      • Estilo de vida acelerado, desatendiendo la alimentación.
      • Causas socio-económicas, es decir, no poder acceder a alimentos. Es más común en países subdesarrollados o en periodos de guerras.

      Es importante trabajar las estrategias nutricionales adecuadas para aumentar la densidad calórica y, en la medida de lo posible proteica, sin aumentar excesivamente el volumen.

      Aumento de los requerimientos en el organismo

      Existe situaciones en las que el organismo requiere más energía y proteínas de lo habitual y, si existe una mala planificación alimentaria, la desnutrición puede aparecer. Estos casos pueden ser:

      • Infecciones
      • Cáncer
      • Cirugías complejas
      • Enfermedades crónicas

      Ante estas situaciones, es importante recalcular los requerimientos y adaptar la dieta a la nueva situación metabólica.

      Problemas de absorción o digestivos

      Una causa de desnutrición también puede deberse a problemas digestivos o de absorción. Esto puede deberse a alteraciones en el intestino, en el páncreas o en el hígado, que dificultan la correcta digestión y absorción de nutrientes. Esto suele ocurrir principalmente a causa de:

      • Enfermedades inflamatorias intestinales
      • Celiaquía
      • Insuficiencia pancreática
      • Cirugías digestivas
      • Toma de medicamentos
      • Alcoholismo

      En estos casos es importante valorar la suplementación para conseguir llegar a los requerimientos nutricionales y revertir la desnutrición.

      Problemas funcionales

      Estos problemas suelen ocurrir en personas de la tercera edad. Influyen factores como dificultad para masticar o deglutir, fatiga al comer…

      En el planteamiento nutricional de esta situación es importante adaptar las texturas de los alimentos y fraccionar las tomas del día, siempre personalizando cada caso.

      Dieta para la desnutrición

      El principal objetivo del dietista-nutricionista es detectar qué tipo de desnutrición existe y las posibles causas; con ello, elaborar una estrategia nutricional adecuada en cada caso es fundamental. Es muy importante que el tratamiento nutricional esté adaptado a cada persona y a las necesidades que tenga, por lo que si necesitas ayuda en este punto, ponte en contacto conmigo, estaré encantada de ayudarte.

      Una vez se haya detectado el tipo de desnutrición y las posibles causas y se haya analizado la situación nutricional actual, el siguiente paso es diseñar el plan nutricional. En este punto, no se trata simplemente de comer más, sino de encontrar la estrategia para ganar calidad de vida sin comprometer la salud, por ello es tan importante la personalización de cada caso.

      De manera general, se deben tener en cuenta tres objetivos fundamentales.

      Aumentar la densidad energética

      Para conseguir aumentar la cantidad de calorías de la dieta sin necesidad de tomar grandes volúmenes de comida, uno de los principales objetivos es incluir alimentos que sean densos nutricionalmente hablando, es decir, que en poco espacio aporten calorías y nutrientes suficientes.

      Para conseguir esto, existen varias estrategias interesantes que se pueden llevar a cabo:

      • Añadir a los platos alimentos triturados con mayor densidad energética, como aceite de oliva, aguacate, frutos secos, semillas, leche en polvo, harinas de legumbre, miel, cacao en polvo…
      • Incluir batidos caseros con leche o bebida vegetal, cereales, frutas, crema de frutos secos…
      • Utilizar preparaciones que no sean pesadas, por ejemplo, las legumbres triturarlas y servirlas en cremas o sopas en lugar de guisos.
      • Utilizar lácteos enteros

      El objetivo de esta estrategia es aumentar las calorías sin generar una sensación de saciedad excesiva.

      Asegurar un aporte de proteínas adecuado

      En situaciones de desnutrición hay que garantizar una ingesta suficiente de proteínas para preservar y recuperar la masa muscular, como hemos comentado antes. Es aquí donde adquiere importancia las fuentes proteicas como huevos, pescado, carne, legumbres, lácteos, frutos secos y derivados vegetales como la soja texturizada, tofu o seitán.

      Existen ciertas estrategias para aumentar la proteína sin incrementar el volumen de las comidas, como por ejemplo estas:

      • Priorizar alimentos con mayor cantidad de proteínas en su composición nutricional. En el caso de los lácteos, el yogur griego, requesón o queso fresco batido son una opción interesante; en el caso de las proteínas vegetales, la soja texturizada tiene una buena cantidad de proteínas.
      • Combinar proteínas vegetales con cereales o frutos secos para que el aporte proteico sea completo.
      • Incorporar proteína extra como la clara de huevo pasteurizada, la proteína en polvo neutra o la leche en polvo a las preparaciones.

      Es importante no concentrar todo el aporte proteico en una toma ya que el organismo solo puede aprovechar una cantidad determinada en cada comida. Por tanto, debemos distribuir las tomas de manera que en cada comida principal la proteína sea de al menos 20-30g. Repartirla a lo largo del día permite utilizarla de manera más eficiente.

      Valorar la suplementación

      Si con la alimentación no se consigue alcanzar los requerimientos nutricionales de la persona, o se dificulta la ingesta de determinados alimentos, es importante valorar la suplementación nutricional oral. En casos más complejos, se debe recurrir a nutrición enteral.

      El cambio de hábito alimentario será personal y progresivo. Las tomas serán pequeñas, frecuentes y nutritivas. En caso de problemas de deglución o masticación, se deben modificar las texturas, adaptándolas a la situación. Es fundamental el seguimiento y acompañamiento de distintos especialistas sanitarios que trabajen de manera coordinada para asegurar el completo abordaje de la desnutrición y conseguir revertirla.